A través de los coloreados ventanales la teñida luz dorada iluminaba el blanco altar. Este estaba constituido por un tosco bloque de mármol extraído de una lejana cantera. El brillo de su lustrada superficie había disminuido considerablemente des de que había visto por primera vez la luz. Ya hacia muchos años un grupo de hombres había extraído ese bloque de el profundo pozo en el que se encontraba, el brillo de la primera luz que se reflejo en el era aun más intenso que el de los sudosos cuerpos que lo acarreaban.
El paño de tela de hilo que lo cubría había sido lavado repetidas veces, pero aun así, bajo la multicolor luz parecía recién sacada de la tienda.
Frente al altar se erguía una figura que aun su porte denotaba inquietud. Llevaba puesto un smoking negro de una cara tela del norte y unas diminutas gotas de sudor frío empañaban su frente. Su cara, en una eterna sonrisa intentaba ocultar con tal posición el nerviosismo que le producía el día de su boda.
Sentados en primera fila se destacaba un extraño grupo. La pelirroja muchacha que antes había saludado a gritos a todos los presentes le lanzaba indirectas a su melenudo acompañante. Ambos iban de veintiún botones cosa que parecía desagradarles bastante. El chico con traje azul claro y rubia melena al viento arrasaba entre las invitadas por su hermosura y aires de insaciable guerrero. La muchacha ataviada con un vestido de gala rojo aun estaba a medio estirón aunque intentaba disimularlo. Inmediatamente a su lado la princesa de Seiloon descargaba sobre su rocoso acompañante tal torrente de palabras justicieras que solo alguien con tan dura piel podría soportarlo. La justiciera monarca vestía sus mejores galas para la ocasión. Su traje rosado estaba salpicado aquí y allá con piedras preciosas bordadas con hilo de oro que de vez en cuando desprendían luces tricolor. El medio golem que a su lado reposaba no parecía haberse ataviado demasiado para la ocasión. Llevaba el mismo traje beig que tantas veces había llevado. O eso parecía a primera vista, pero los agudos ojos de la justiciera princesa del reino de Seiloon habían descubierto la gran calidad de la tela con la que se había confeccionado el atuendo y las grandes manos de modisto que recientemente le había dado los ultimos puntos maestros. Orgullosa sonrio para si y antes de proseguir la apabullante conversación una música anunció la entrada de la novia.
La luz del sol recortaron un esbelta figura en la puerta que avanzó sola a pequeños pasos a través de la iglesia. Un velo cubría su rostro y su vestido blanco desprendía una luz casi celestial. Estaba bellísima. El novio al final del pasadizo tragó, nervioso, saliva y titubeó un poco pero a los segundos recobró su orgullosa postura. Los murmullos habían cesado y la novia llegó, tulipanes en mano, al lado del novio. El capellán comenzó la ceremonia que parecía alargarse eternamente hasta que llegaron al momento culminante.
- Tu, Philia Ul Coput, tomas a este hombre como tu legitimo esposo y prometes amarle y respetarle en la riqueza y en la pobreza, en la bondad y en la maldad hasta que la muerte os separe?
- Sí, quiero.
-Y tu, Xelloss Metallium, tomas a esta mujer como tu legitima esposa y prometes amarla y respetarla en la riqueza y en la pobreza, en la bondad y en la maldad hasta que la muerte os separe?
-Sorewa himitsu desu....
-¿¡Que!? -La novia levanto bruscamente el velo de su cara -¿¡Se puede saber que estas haciendo!?
El novio se retorcía de risa al lado de la novia mientras el capellán admiraba la escena estoicamente y los invitados se temían lo peor.
-¡¿Porque me haces esto un día como hoy ?!- La novia empezaba a temblar de rabia y sus manos estrujaban el ramo de tulipanes amarillas -¡¿porque?!


-lo siento....no puedo evitarlo...juajuajuajua....- Xelloss no podía parar de reírse de la cara de Philia mientras a esta se le empezaba a hinchar una vena de la frente- Lo siento....soy un demonio ¿recuerdas?

Philia exploto en un ataque de cólera y se transformo en dragón. Los invitados que no sabían de que iba la cosa empezaron a huir en desbandada empujando a los demás...y los que si que lo sabían se lo empezaron a plantear con razón. La dragona perseguía a lo largo y a lo ancho de la iglesia al burlón demonio mientras este con extrema facilidad evitaba sus ataques saltando de banco en banco. Delante suyo sin control aparente corrían Lina, Gourry, Zel y Ameria en desbandada sin pensar un momento en salir por la puerta. Las guirnaldas caían del techo y los bancos hechos astillas salían volando al paso de la descontrolada procesión. El estoico capellán cerró el libro y salió tranquilamente por el confesionario mientras a través de la envestida del grupo el santuario empezaba a desmoronarse. Aun en la lejanía el capellán sentado en su mula se preguntaba por que había accedido a tal extraña boda mientras a lo lejos se oía la voz de Lina:

-¡¡¡¡MATADRAGONES!!!!