Nota: Este fic es Slash aunque de momento no hay nada fisico relatado, si no te gusta, porfavor, no lo leas. Sentios satisfechos, habéis conseguido algo que nunca nadie había conseguido: convencerme de convertir una historia corta en una de varios capítulos, pero si sale un bodrio será vuestra culpa. Serán tres capítulos y un pequeño epilogo. El primer capítulo como ya visteis se sitúa en la época de Hogwarts, este segundo en los días previos al fatídico Halloween en el que James y Lily fueron asesinados, y el tercer capítulo se situará durante el tercer año de Harry en Hogwarts. Tras el epílogo no habrá nada más, okis? Aps, lo siento por los que me piden final feliz... Soy fan acérrima de esta pareja, pero me temo que en esta ocasión no será así. Tranquilos, me encanta escribir sobre ellos, ya haré más cosas. Este cap es muy brebe, que lo sepais^^U

A veces se preguntaba... ¿Todo eso había valido la pena? Todos los sacrificios, las noches en blanco, las lágrimas derramadas... ¿Habían servido para algo? Y entonces era cuando la realidad le respondía con un guantazo y un simple "no". No había servido de nada. Todo ese sufrimiento solo había creado más sufrimiento. Pensaba, deseaba, que con el tiempo, la relación prosperara, cambiara, y él terminase sintiendo algo. No pedía que le amara de la misma forma desesperada que él le amaba. Pero que le quisiera. ¿Era tan imposible que eso ocurriera? Se veía que sí, porque desde que se había enamorado de él ya habían pasado seis largos años. Seis. Llevaba seis años sufriendo, sin motivo alguno. Día más, día menos, épocas soportables, épocas espantosas. Pero últimamente todo se estaba acumulando, la amenaza de Voldemort, la inseguridad general, el temor a que algo les pasara a James y Lily, la Licantropía...Sirius...

Sirius, Sirius, Sirius, siempre Sirius en su cabeza, mirase donde mirase le recordaba a él. Viese lo que viese. La mayoría de las películas tenían algo que le hacía pensar en él, cuando veía una pareja por la calle se sentía desgraciado. Cuando alguien le comentaba que tenía novio se hundía. Era un ciclo sin fin. No creía poder soportarlo más. Pero apenas lloraba, aunque a veces creía que eso era peor. No expresaba lo que sentía. Simplemente observaba su propio dolor como si de un espectador anónimo se tratara. ¿Era bueno eso? No lo sabía. Solo sabía que todo era más frío. Hasta que estallaba.

Estallaba en todas direcciones. Y lo peor. Le deseaba. Le deseaba con toda su alma, no tanto con el agridulce sabor del amor, sino con el simple deseo sexual. Solo quería saltarle encima y morderle mientras le arrancaba la ropa. Recorrer todos los rincones de su cuerpo con su lengua y hacer que muriera de placer. Deseaba forzarlo, o seducirlo, deseaba emborracharlo lo suficiente para que no le importara seguirle la corriente. Y contenerse era tan difícil. Tanto. Lo tenia tan cerca y a la vez tan lejos. Y por más que lo deseara...nunca daba el paso. Las consecuencias eran demasiado terribles. Probablemente perdería su amistad, y su confianza, y ese era un precio que no estaba dispuesto a pagar. Aunque...

Había cortado la relación en seco. Hacia un mes que no hablaba con él más de lo estrictamente necesario en los círculos en los que se movían. Hasta hablaba más con Severus Snape. No lo había comentado con nadie, pero es que... no aguantaba más el dolor, no podía más... y aunque sabía que no era su culpa... no podía evitar que un odio irracional se volcase en él. Le seguía amando, nunca dejaría de amarle, pero a la vez le odiaba. Le odiaba con toda su alma y todo su corazón, le odiaba por no amarle, le odiaba por hacerle daño con su despreocupación y desaire, le odiaba por ser tan terriblemente irresponsable, por no pensar nunca en las consecuencias que sus aventurillas tenían en él. Le odiaba por pavonearse con sus ligues, por hablar siempre más de la cuenta, o por callar cuando debería hablar. Le odiaba por ser frío con él cuando sus ojos no escondían sus sentimientos, y por volver a ser el bromista de siempre cuando las cosas volvían a su cauce, dejándole una espina clavada en el corazón. Le odiaba por cada una de esas espinas que, año tras año, día tras día, se acumulaban en su ser y le desgarraban, le punzaban y molestaban. Le odiaba a él y al destino que había decidido hacerle infeliz. Y lo que nunca le perdonaría era el hecho de odiarle, y a la vez no poder odiarle, de necesitarle y a la vez repelerle. De anhelar oler su aroma, tan particular, de anhelar rozarle casualmente al pasar, de despeinarlo con un deje burlón, poniéndole de los nervios, de hacerle bromas pesadas y mil niñerías más... le odiaba por lo que no era a la par que le amaba por lo que era, y en medio de ese torbellino de emociones contradictorias que tiraban de si, se sentía solo.

Terriblemente solo. Solo en su mundo, con sus pensamientos y desalientos, solo en su tristeza y en su alegría. Solo en lo más profundo de su ser. Vivía dentro de una burbuja, de una burbuja dorada que parecía repeler a las otras, todas las burbujas formaban grupos, menos la suya, que entre esa masa de amor y paz, vagaba sin rumbo fijo astillándose a cada paso. Quería salir de esa prisión y unirse a los demás, pero a la vez temía tanto volver a abrir su corazón a alguien, y que ese alguien volviera a quedarse allí, rompiéndole, para siempre.

Solo pensaba incoherencias, era incapaz de centrarse en un solo pensamiento sin que este vagase sin rumbo a su antojo. Temía fijarse en el presente, temía pensar en la situación que los rodeaba. Temía pensar que cualquier día uno de los dos podía terminar muerto. Quería olvidar el dolor y horror que le rodeaba, y auto compadecerse, y dentro de esa autocompasión volverse egoísta. Le tocaba ser egoísta, era su turno de estar encima y de que los demás dudasen y se sintiesen traicionados. Debía ser frio con los demás, quería disfrutar de esa pequeña venganza. Era su turno de alejarse de él, era su turno de hacerle daño. Estaba en su derecho. ¿Verdad?

No quería alejarse para siempre...no podría, pero necesitaba tiempo, tiempo en el que él intentase contactar con él, tiempo en el que la tentación de hablarle le hiciera fuerte y resistente, tiempo para que, más adelante, ya no le doliese tanto el corazón. Quería endurecerse, crear un escudo a su alrededor para que la situación no le afectara tanto...pero...temía que su paciencia se agotase, y que el día que quisiera volver a su lado él ya no quisiera, que le repudiara... porque le empezaba a mirar con desconfianza, empezaba a temer que asociase su comportamiento con acciones o pensamientos que no le correspondían, temía que empezara a adjudicarlo a su lado oscuro. Y al prever todo eso debería hacer algo para sacarle de semejantes ideas...pero... tenía miedo de volver a acercarse a él y a volver a sufrir. Además... ¿Acaso no seria mejor?

~ ~ ~

"Dios mío... Oh, Dios mío... James y Lily han muerto... y Peter... de Peter apenas ha quedado nada... Sirius les ha matado... esto no puede estar pasando, no es posible, no lo es... Él no.. No. No quiero creerlo. Me niego a creerlo. Esto no es real, no lo es. En mi mundo eso no ha pasado. Vivo en mi mundo. Mi mundo aun mantiene un poco de esperanza. ¿Porque queréis sacarme de mi mundo? No. Dejad de intentarlo. Dejad de llamar. Dejad de molestarme. Quiero quedarme en mi mundo. No quiero salir de él. No quiero salir a la dura realidad. No quiero perderme en vuestro mundo. En ese mundo terrible en el que no me queda nada en lo que agarrarme. No podéis obligarme. No podéis forzarme a salir. Quiero seguir aquí, entre esperanzas, sueños, ilusiones. No quiero salir a la fría realidad y destruirme a mí mismo al redescubrir el dolor que desgarra mi pecho. Por mas que insistáis no pienso salir. Allí no queda nada vivo. Nada de mí sigue vivo allí. Respiro por pura inercia, no porque tenga un motivo para hacerlo. Dejad de insistir. No saldré. Si seguís molestándome me alejaré. Me iré. No me veréis más. Dejad de llamar. Este es mi mundo y no pienso salir de él."

 

Nota: No hay nada más y no se si lo habrá...